Fiodor M. Dostoievski en su novela: “El doble” nos relata la historia de Yákov Petróvich Goliadkin un funcionario de gobierno que luego de ser rechazado de una cena en la casa su jefe a la que había sido invitado se encuentra con una persona físicamente idéntica a él, sin embargo, a diferencia del verdadero Goliadkin (personaje timorato que trabaja disciplinadamente para conseguir escalar profesionalmente pero a quien nadie toma en cuenta), el falso Goliadkin se muestra ambicioso, firme y seguro de sí mismo. La trama muestra al doble de Goliadkin (alter ego) adoptar la vida del verdadero, asumir sus logros como propios ante sus jefes y provocar su desgracia.
En su obra teatral: “A puerta cerrada” Jean Paul Sartre narra la historia de Estelle, Inés y Garcín, tres personajes que sin ninguna relación entre ellos luego de fallecer son conducidos a una habitación que se identifica como el infierno donde esperan ser condenados. Conforme se va desarrollando la trama se van sintiendo incómodos frente a la mirada del otro, juzgan sus pecados y son juzgados, así se van dando cuenta que cada cual es verdugo del otro, que el infierno no es un lugar físico, sino los demás a través de sus miradas.
La mirada del otro en ambas obras existencialistas es decisiva. Para el verdadero Goliadkin, así como para el empresario que busca ser elegido por el consumidor en el mercado, reafirma su existencia. Por ello, el empresario debe evitar caer en los excesos del falso Goliadkin de tratar de conseguir esa mirada a toda costa, por ejemplo, mediante actos de engaño o corrupción, caso contrario, temerá esas miradas y al ser juzgado creará su propio infierno.


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