julio velarde titán

En defensa de Julio Velarde y de la autonomía del BCRP

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Por: Edgar Pereda.

Como un Atlas moderno, Julio Velarde carga sobre sus hombros desde hace 20 años una misión silenciosa pero decisiva, preservar la estabilidad monetaria del Perú. Desde el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), su labor simboliza templanza, prudencia y firmeza en tiempos de incertidumbre. Un recordatorio de que, a veces, sostener un país también significa cuidar el valor de su moneda y la confianza de su gente.

Sin embargo, en medio de un escenario político incierto, donde candidaturas de izquierda como la de Roberto Sánchez han vuelto a poner en debate el rumbo económico del país, la imagen proyecta a Velarde como un dique de contención institucional frente a los riesgos que amenazan la confianza, la moneda y la estabilidad del Perú.

Cabe precisar que Roberto Sánchez, candidato presidencial por el partido político de izquierda Juntos por el Perú ha señalado lo siguiente:

“Usted, señor Julio Velarde, no nos representa. Nosotros, en nuestro primer día de gobierno, lo vamos a echar porque es usted una vergüenza, solamente ha trabajado para mantener contentos y felices a las empresas trasnacionales”.

A ello se suma el respaldo visible de Antauro Humala a la candidatura de Sánchez, una alianza que ha intensificado la percepción de amenaza sobre la estabilidad institucional y económica. No se trata aquí de dramatizar, sino de entender algo básico, cuando se debilita la confianza en el Banco Central, no se golpea a un funcionario aislado, sino al corazón mismo de la estabilidad económica del país

Poe ello, más que un hombre, la figura de Julio Velarde proyecta una idea, que hay momentos en los que sostener al Perú no significa gritar más fuerte, sino resistir, mantener el equilibrio y evitar que la improvisación termine por quebrar lo que con tanto esfuerzo se ha construido.

Porque cuando la moneda pierde estabilidad, lo que entra en riesgo no es una cifra abstracta, sino el ahorro de las familias, la capacidad de planificación de las empresas y la tranquilidad cotidiana de millones de peruanos.

Por eso, la defensa de Julio Velarde no debe entenderse como el culto a la personalidad, sino como una defensa clara y resuelta de la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú, de la responsabilidad monetaria que ha permitido sostener al país durante casi dos décadas y del derecho del Perú a no ser arrastrado otra vez por aventuras políticas que pongan en riesgo su futuro.

Hoy más que nunca, esa defensa de nuestro titán de la moneda debe ser abierta, firme y sin ambigüedades. No para rendir culto a un nombre propio, sino para proteger una institución cuya misión constitucional es preservar la estabilidad monetaria del Perú. Resguardar lo que Julio Velarde simboliza es resguardar una de los pocos pilares institucionales que todavía sostienen al país.

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